Patrimonio Cultural

Historia, paisaje e identidad

El patrimonio cultural de Campo de Mirra reúne siglos de historia en un territorio de gran valor arqueológico, arquitectónico y paisajístico. Fortificaciones, espacios religiosos, restos arqueológicos y arquitectura tradicional permiten recorrer la evolución del municipio desde los primeros asentamientos humanos hasta la actualidad.

El Puig d’Almizra, historia y paisaje

El Puig d’Almizra es el principal enclave histórico y patrimonial de Campo de Mirra. Su posición elevada sobre el valle favoreció la ocupación humana desde la antigüedad y convirtió este lugar en un punto estratégico a lo largo de los siglos.

Los materiales hallados en las excavaciones arqueológicas documentan un poblamiento que se remonta a la Edad del Bronce (siglo XI a. C.)

Su excepcional valor histórico, arqueológico, paisajístico y simbólico motivó que en 2015 fuera declarado Bien de Interés Cultural (BIC) con la categoría de Sitio Histórico, el primero de esta categoría en la Comunitat Valenciana.

El Castillo de Almizra, un enclave histórico

En lo alto del Puig se conservan los restos del Castillo de Almizra, una fortificación medieval levantada sobre un enclave ocupado desde épocas mucho más antiguas. Su posición permitía controlar visualmente el valle y las vías naturales de comunicación del territorio.

En 1244, el castillo y su entorno fueron escenario del encuentro que culminó con la firma del Tratado de Almizra, uno de los acontecimientos históricos más relevantes vinculados al municipio.

A partir de 2013 se puso en marcha un proyecto de recuperación arqueológica y arquitectónica del Castillo de Almizra, desarrollado en distintas fases con el apoyo de la Generalitat Valenciana. Las actuaciones han permitido excavar y recuperar una parte importante del recinto defensivo, consolidar y reconstruir parcialmente tramos de muralla siguiendo los restos conservados, e identificar elementos como bases de torres y un antemural o segunda línea de defensa.

Estos trabajos han contribuido a conocer mejor la configuración de la antigua fortificación y a hacer más comprensible su estructura para quienes visitan actualmente el yacimiento.

La Torre del Conjurador

Junto a la ermita se conserva la conocida Torre del Conjurador, construida en 1678 (S. XVII) sobre la base medieval del propio castillo. Este elemento forma parte del conjunto monumental del Puig d’Almizra y está estrechamente vinculado a las tradiciones populares del municipio.

Desde este lugar, estratégicamente situado y con amplias vistas sobre territorios de la Comunidad Valenciana, Castilla-La Mancha y Murcia, se bendecían los campos y se realizaban rituales para alejar tormentas y pedriscos, una práctica conocida como “conjurar”, de ahí su nombre.

La Ermita de Sant Bertomeu

Junto al castillo se encuentra la ermita de Sant Bertomeu d’Almizra, documentada ya en 1489 y estrechamente vinculada a la historia y las tradiciones de Campo de Mirra. A lo largo de los siglos, la ermita ha sido uno de los espacios más vinculados a la vida del pueblo, convirtiéndose en un auténtico punto de referencia para los vecinos y vecinas de El Camp de Mirra.

El santuario medieval ha experimentado distintas transformaciones y ampliaciones a lo largo de los siglos hasta adquirir su configuración actual. Tras su rehabilitación en 1989, y especialmente a partir del año 2000, la ermita se ha consolidado como un espacio de descanso, encuentro, convivencia y oración.

La iglesia de Sant Bertomeu y el Museo parroquial

El actual templo parroquial fue construido entre 1817 y 1875, según los planos de Salvador Escrig, arquitecto y académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos de Valencia.

El edificio presenta una nave central y dos laterales, con crucero cubierto por cúpula de tejas azules, característica de la arquitectura religiosa valenciana. Destaca la capilla de la Comunión, con un zócalo de cerámica de Onda (Castellón), y el altar mayor, donde se venera una reliquia de San Bartolomé, obtenida de su sepulcro de Roma en 1917.

En el interior del templo se conservan lienzos de los siglos XVII al XX, destacando los dos murales de 2004 con la vida de San Bartolomé, del pintor José Navarro Ferrero, así como imágenes de los escultores valencianos Bayarri, Ponsoda, Peregrin Pérez, Ramón Granell, Vicente Tena, o Pascual Sempere Sanchis. En el crucero se encuentra el sepulcro del beato José María Ferrándiz Hernández (Campo de Mirra, 1879 – Rotgá, 1936), beatificado por San Juan Pablo II en 2001.

En 2024 se inauguró el Museo Parroquial de San Bartolomé, ubicado en el trasagrario y dependencias parroquiales, que reúne más de 150 obras de arte y una destacada sala de reliquias con más de 200 piezas de distintas épocas.

Patrimonio arqueológico

Coronando la montaña conocida como el Vaquero se localiza un importante yacimiento arqueológico de la Edad del Bronce, que completa el valor patrimonial del entorno de Campo de Mirra.

En sus proximidades se encuentra la Caseta del Corps, una singular estructura ciclópea formada por grandes losas de piedra caliza, cubierta por otra losa a modo de techumbre.

Entre esta montaña y el cerro de Almizra se sitúan Les Graelletes, un conjunto de petroglifos petroglifos (inscripciones y escudos tallados sobre una gran roca), datados en la Edad del Bronce. Este elemento está catalogado como Bien de Interés Cultural con la categoría de Zona Arqueológica – Arte Rupestre.

Patrimonio urbano y espacios públicos

Un paseo por las calles de Campo de Mirra permite descubrir diversos edificios y espacios de interés que forman parte de la historia y la vida cotidiana del municipio.

En el entorno de El Parador, en la entrada al pueblo, se conserva un antiguo aljibe del siglo XVIII. En dirección noroeste se alza la fábrica de licores Ferrándiz, una singular construcción del modernismo industrial de 1921. Muy cerca se encuentra el lavadero municipal, construido en 1929 y recientemente restaurado. El patrimonio urbano se completa con varias casas solariegas, como la Casa de la Torre, la Casa de l’Hort y la Casa del Rellotge, testimonio de los principales caseríos que marcaron la evolución del pueblo a lo largo de su historia.

En la plaza del Parador se sitúa el Centro Cívico y Social, popularmente conocido como “La Casa de la Cultura”, inaugurado en el año 2000, mientras que en la calle Tractat d’Almizra se encuentra el Auditorio Municipal José Albero Francés, construido en 2024. Por último, junto a la carretera de Biar se localizan las instalaciones deportivas municipales, que incluyen campo de fútbol sala, pista de frontón, pádel y tenis.

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